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The Ideal Master

 

Lady Lucia

Me desperté confundido y desorientado, tenia los ojos abiertos pero la oscuridad me rodeaba por todas partes, mi cuerpo estaba entumido, el dolor se extendía a todos mis músculos, un dolor que jamas había sentido tan profunda e intensamente, mis brazos estaban fijados a mi espalda y mis muñecas se encontraban aprisionadas por unas esposas que empezaban a marcar mi piel, mis pies también estaban atados, pero la verdadera tortura estaba en mi boca, me habían encajado la puntera de una bota de cuero de tal manera que separaba ampliamente mis dientes. La bota estaba fijada con cuerdas ejerciendo una implacable presión, una brutal atadura cruel y humillante.

No podía saber de ninguna manera que hora era y cuanto tiempo llevaba allí encerrado, apenas podía moverme en aquel espacio tan reducido donde el oxigeno empezaba a faltar de forma preocupante.

El sudor empapaba mi cuerpo desnudo, tanto que las gotas que resbalaban desde mi frente se incrustaban en los ojos produciéndome un insoportable picor.

Respiraba esclavitud por cada poro de mi piel, me sentía como un perro abandonado, más que nunca tenia la sensación de ser solo un objeto, algo que servia únicamente para el momento, que se usaba y tiraba, alguien sin voluntad, sin voz ni voto...

Yo había nacido para ser esclavo, pues mi alma era sumisa, tal y como se encargaban de recordarme en tantas ocasiones mis superiores, gracias a mi condición de perro, podía ser explotado sexual y económicamente, ser vejado y humillado, estar siempre dispuesto a solventar los sádicos deseos de mis dueñas, solo tenia derecho a dar las gracias por ser tratado de aquella manera tan infrahumana.

Perdido en mis propios pensamientos estuve largo tiempo, hasta que pude escuchar algún ruido del exterior, el cual se hacia más audible por momentos hasta tenerlo casi encima, el sonido de la cerradura justo antes de que las puertas de mi singular celda se abrieran de repente, la luz iluminó parte de mi cara cegándome los ojos momentáneamente.

- ¿Que tal has dormido bien en el armario hijo de puta... ?

Aquellas agresivas palabras me indicaban que era la hora de continuar ejerciendo como perro-esclavo, levantando mi mirada poco a poco y no sin esfuerzo pude distinguir en un principio un par de zapatos negros de alto tacón, unas impresionantes piernas enfundadas en nylon negro, unas maravillosas bragas de cuero con cremallera en la entrepierna, y un sujetador también de cuero y de medio pecho. Era ella la Señora Lucia, mi ama, tan cruel y despiadada como siempre, con su preciosa y larga melena rubia, ligeramente pasada de peso pero de forma tan adorable que cualquier sumiso soñaría con arrastrarse por los suelos y lamer con pasión las suelas de sus botas.

- ¡Espabila de una puta vez cerdo ! - me gritó la Señora al mismo tiempo que me propinaba dos buenas y merecidas patadas que hicieron tambalear mi torturado cuerpo.

Estaba acostumbrado a su maltrato físico pues había sido objeto de grandes palizas por parte de ella...

No niego que disfrutara de aquellas situaciones tan vejatorias y sufrientes ya que mi sexualidad así me lo pedía, aunque en determinadas ocasiones tenía que soportar castigos extremos y en el limite de mis fuerzas...

Todo aquello era verdaderamente salvaje y la Señora Lucia llegaba a mojar sus bragas de pura y sádica excitación, yo podía dar buena cuenta de ello pues cuando se sentaba sobre mi cara con las bragas puestas me dejaba empapada la nariz y la boca con sus abundantes jugos, su flujo vaginal era mi alimento, cuando la Señora me llenaba la boca de coño sabía que lo hacia para poder a continuación reventarme los pezones con sus mordiscos, y con sus tenazas metálicas.

Tras sacarme del armario a patadas, mi dueña procedió a quitarme el terrible bondage de mi cara de forma violenta y antes de separar la bota de mis labios, me ordeno besarla acompañando su orden con una sonora bofetada.

Adorno mi cuello con el collar de perro donde ella misma había ordenado grabar mi nombre de esclavo "lameculos". Era un collar ancho, como para un pastor alemán, cuando engarzo la cadena al mismo, tiro fuertemente de ella.

- ¡Sitúa tu cara de cerdo justo detrás de mi culo, imbécil! - me grito la Señora, al mismo tiempo que me arrastraba hacia la pared más cercana.

- ¡Ahora vas hacer honor a tu jodido nombre pedazo de cabrón!

Y tras decir esto mi Ama Lucia me agarro fuertemente del pelo y situó mi nuca contra la pared, acto seguido se dio media vuelta y apartándose ella misma sus preciosas bragas de cuero a un lado de su glúteo derecho aplasto su culo contra mi cara, llenándome la boca con su preciado ano al que estaba obligado a adorar...

Las sesiones con el látigo de nueve colas que la Señora Lucia ejecutaba sobre mi espalda estaban solo destinadas a expertos en dolor físico como yo.

Al principio me preocupaba que Dómina Lucia me dejara marcas en la piel cuando me castigaba, que alguien me las viera sin que pudiera justificarlas de alguna manera, pero con el tiempo esto careció de importancia para mí. Mi cuerpo se fue endureciendo, me sentía tan esclavizado por ella que asumía por completo el derecho que la señora tenia de señalarme tanto como fuera necesario para una correcta disciplina.

Por orden directa de mi Ama estaba obligado a pasar largas temporadas sin poder eyacular y a veces sin apenas tocarme el pene para desahogarme por momentos, las razones estaban claramente definidas...

1 - Dómina Lucia mantenía un control total sobre mi actividad sexual.

2 - dosificaba mi placer a su antojo.

3 - con esto conseguía que mi deseo fuera tal que no reparara en soportar humillaciones extremas y torturas al limite.

Sin duda la Señora sabia muy bien como tratar con tipos como yo, normal... me conocía a la perfección ya que mi Ama Lucia era además de mi Dueña, mi Señora Esposa.

     
 
     
 

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